A veces entras en un restaurante y lo sabes: aquí todo encaja. El Fera en el casco antiguo de Palma es uno de esos lugares. Escondido en un palacete restaurado en la Carrer de la Concepció, en la planta baja del Círculo Mallorquín, historia y vanguardia culinaria se funden.
El chef Simon Petutschnig, austriaco con más de dos décadas en España, llama a su cocina “mediterránea sin fronteras”: productos mallorquines, precisión japonesa, aromas del sudeste asiático. Cada plato resulta pensado, reducido, casi meditativo.
El menú degustación de siete pases (149 euros) abre con un tartar de atún cortado con precisión, con ponzu, aguacate y yuzu. La cigala de Sóller, segundos en la plancha, con caldo dashi e hinojo marino — un plato que se queda.
El interiorismo es obra de la propietaria Sheela Levy: techos altos con estucos, arte contemporáneo, un jardín Feng Shui, una biblioteca privada. Los espacios respiran.
El servicio da en el tono: cálido, conocedor, nunca intrusivo. Las hierbas vienen del huerto ecológico propio. Que el Fera no tenga estrella sorprende a todos. 9,8/10 en TheFork, puesto 16 de 2.700 restaurantes. Reserva muy recomendada.