Comimos en la Osteria de Plaça de Sant Francesc en Palma. La plaza es encantadora, el restaurante tiene cinco o seis mesas exteriores y un acogedor interior.
El vino de la casa, un Douro portugués, impresionó con aromas frutales. A 8 euros la copa, servida generosamente — un trato justo.
Elegí fusilli con ragú de salsiccia — un placer. La pasta estaba perfectamente al dente, la salsa contundente y equilibrada.
La panna cotta fue perfecta en sabor y textura. Una de las mejores que he probado jamás.
El servicio fue encantador y amable, aunque no especialmente rápido. Pagamos unos 90 euros para dos con varias copas de vino.
Si buscáis cocina italiana clásica sin artificios, ¡probad la Osteria!